No os hablé de que este relato es parte de un juego que ideó, Ramón Escolano, en su blog Jukeblog. Se trata de que en los blogs que se enumeran después del relato y en los que se sumen y se añadan a participar, se cuelgue un relato que tendrá que contener una frase determinada. En esta ocasión fue El objeto que sujetaba
era un pequeño cilindro con un agujerito en la parte superior. Se lo acercó a
la nariz y lo olió, de la novela de Isaac Asimov, En la arena estelar. Esto ocurrirá solo los tercer lunes de cada mes. Es decir, que hasta el 18/19/2014 no habrá otra de este juego.
Lo más divertido es ver y comentar lo que los otros han escrito con una frase tan peculiar. Espero que el mío os encante pero también los de los otros blogs que están abajo. Disfrutad que el verano es corto!!!
(Foto obtenida en google. Autor desconocido)
Lo más divertido es ver y comentar lo que los otros han escrito con una frase tan peculiar. Espero que el mío os encante pero también los de los otros blogs que están abajo. Disfrutad que el verano es corto!!!
(Foto obtenida en google. Autor desconocido)
IMBORRABLE
Por Ricardo
Corazón de León
El objeto que sujetaba
era un pequeño cilindro con un agujerito en la parte superior. Se lo acercó a
la nariz y lo olió,
después de haber mirado por él y no ver nada y hacerlo sonar sin resultado. El
olor tampoco le dio ninguna pista pues no tenía aroma alguno. Sabía que debía
tener importancia y que, de algún modo, servía para algo relevante pero, de
momento, es lo único que tenía.
Repasó el lugar
donde se encontraba. Había llegado allí a través del bosque de arrayanes, un
increíble lugar al que había llegado para verlo de vacaciones, en temporada
baja para no tener compañía. Tuvo que recorrer medio mundo para ver por fin
aquellos árboles únicos que solo existían en esa isla. Llegó hasta allí en una
barca de motor porque su viaje incluía esta visita, pero el guía brilló por su
ausencia. Le dio dos horas para regresar al embarcadero y luego se iría, no
volviendo a pasar hasta el día siguiente.
Tras examinar
meticulosamente el color azafrán de los arrayanes descortezados; eran una de
las pocas especies que a medida que crecen y son más añosos van
desembarazándose de la corteza que los presenta como iguales a los otros, del
mismo color. Sin embargo, una vez caída, el color azafrán, el olor particular
de los mismos, la calidez de sus troncos los volvía únicos. Era como estar en
un cuento de Walt Disney.
Fue curioseando por
donde seguía el camino y dio con una cabaña que parecía sacada del mismo dibujo
de Hansel y Gretel. Por supuesto, entró. Estaba seguro de que era un reclamo
para turistas. ─¡Que gente! ¡Cómo se aprovechaban de cualquier circunstancia
para atraer extranjeros y nacionales, incluso!
Al entrar todo era
como imaginó pero vacío, estaba todo abierto y había bebidas, caja registradora
no enchufada y todo sin funcionar, pero se tomó un agua y cogió una Pepsi light
para el camino. La metió en la mochila y siguió. Se dirigió nuevamente a la
puerta y salió pero en vez de llegar de nuevo al bosque entró en otra
habitación exactamente igual a la que acababa de dejar. De hecho, miró a ambos
lados para comprobarlo otra vez y no había ninguna duda, dos cuartos iguales. ─Me
he debido equivocar de puerta ─se dijo en voz alta para darse seguridad─. Estoy
muy despistado.
Cerró la portezuela
y se dirigió a la siguiente, repitiéndose el proceso anterior, una y otra vez,
una y otra vez hasta haber abierto todas las puertas que había en la sala.
También optó por traspasar y quedarse en la nueva habitación, marcando, no
obstante, la salida que acababa de cruzar, y como no llevaba rotulador o
similar, lo hizo mediante una muesca con su cuchillo de cazador. Esto le
tranquilizó un poco y se dispuso a hacer lo mismo que había hecho y obtuvo los
mismos resultados. Empezó a desordenar los objetos, al mismo tiempo, que se
inquietaba y comenzaba a sentir miedo. Esto no era posible. ─¿Qué demonio está
pasando aquí? ─gritó para sí mismo, pues nadie había allí. Pensó en el guía
que, al no verlo, se alertaría y vendría a buscarlo, pero luego recordó que
había dicho que si no aparecía le recogería al día siguiente. Por tanto, le
costaba reconocer que tendría que pasar la noche en ese lugar laberíntico.
Le recorría por la
espina dorsal una sacudida de terror al pensar que quizás este sitio no existía
en la realidad, ahí fuera, en el bosque de arrayanes. Sus pelos se pusieron de
punta y sintió frío y honda preocupación. Pero no se rindió, siguió buscando y
marcando puertas que luego nunca encontraba. Era inaudito. Si se lo cuentan no
se lo habría creído. No era un chiste, salvo que todo terminase bien, pero aún
así a él no le parecía ningún chiste y no le hacía ninguna gracia. Pasó tres
horas abriendo y cerrando puertas hasta que cansado se sentó en una de las
mesas con sillas preparadas y distribuidas por todo el salón. Estaba exhausto.
Se recostó sobre sus brazos apoyados en la mesa y recorrió el suelo sin darse
cuenta de lo que veía, pero de pronto algo le hizo volver a la realidad. Había
una trampilla debajo de una de las mesas centrales. ─¡Eureka! ─chilló,
sintiéndose mejor por momentos.
Se puso en pie y
abrió la portilla que llevaba al sótano. No había luz alguna. Sacó su linterna
de explorador curtido y repasó la escalera que descendía y el lugar milímetro a
milímetro. No había nada más que las paredes excavadas y el suelo de tierra
batida. Todo con el color azafrán de los arrayanes. Después de repasar una y
otra vez encontró este objeto. Un pequeño cilindro con un agujerito por arriba
y con el que no sabía qué hacer. Estaba seguro de que este abalorio le sacaría
de aquí como si fuera una varita mágica, pero lo que no sabía era cómo hacerlo
funcionar. Probó soplando hacia fuera y adentro, con la nariz y con la boca,
intentó oír algo por si producía algún sonido. Metió todos los dedos de la mano
(los que cabían) en ese agujerito y ya no se le ocurría qué más hacer. Ensayó
con palabras ridículas en cualquier otra situación, pero no aquí.
─¡Abracadabra! ¡Abracadabra! ─decía mientras estiraba el cilindro hacia un lado
u otro. Creía que podría salir un rayo y abrirle la puerta al mundo exterior.
Finalmente,
desistió. Se sentó en el suelo y lloró amargamente mientras sostenía el objeto
en sus manos. ─¿Qué era esto y por qué le ocurría a él? ¿Era un castigo?
─pensaba, pero no se le ocurrió qué podía haber hecho para merecerlo. Repasó su
vida, los acontecimientos más importantes. Era soltero, no tenía hijos, hijo
único, sin familia, adinerado y dedicado a viajar por todo el mundo
investigando y conociendo nuevos lugares. ─¿Qué he hecho mal? ─dijo en voz
alta. ─Necesito ayuda, por favor ─y siguió llorando con desconsuelo. Cuando una
de las lágrimas alcanzó el agujerito que había en la parte superior una melodía
como de cuento de hadas se oyó, poco a poco desaparecían las paredes, la
escalera y el suelo en el que estaba tumbado y aparecía el bosque de arrayanes
sobre cuyas hojas otoñales se hallaba ahora. El cilindro había desaparecido, a
pesar de que lo buscó. Pero le interesaba mucho más salir de ahí y comprobar
que se hallaba en el camino correcto y no en otro mundo, así que corrió hasta
vislumbrar un camino que siguió, recordando que el guía le había dicho que solo
había uno de ida y de vuelta, de modo que daba igual qué sentido cogiera. Tiró
por la derecha y tanto subía como bajaba por el sendero de cemento y travesaños
de madera. Estaba agotado pero la adrenalina le daba alas y el cielo estaba
empezando a oscurecerse, por lo que aún puso más ahínco por llegar a alguna
parte y, finalmente, en la distancia vio el muelle donde se encontraba la
barca, con su guía y el propietario de la misma a bordo, que le estaban
esperando.
Gritó lo más fuerte
que pudo para que no se fueran y ultimó los metros que le quedaban a la
velocidad de una gacela. En cuanto llegó al muelle se desplomó mientras el guía
le sujetaba para que no cayese al suelo. Se había quedado inconsciente. Lo
tumbaron allí mismo, en el dique y le cubrieron con mantas. En sus desvaríos
veía claramente cómo unos seres diminutos de color canela reparaban cada uno de
los árboles quitando las señales que los turistas enfermizos y maleducados
marcaban sobre ellos. También reparaban las ramas resquebrajadas y ayudaban a
caer a las hojas ya marchitas. En sus sueños vio un hada, si es que eso era un
hada, pues ignoraba cómo eran. Era una pequeña, pero mucho más grande que las
figuritas diminutas de color canela. Tenía alas de color dorado pero
transparentes y ella se asemejaba en todo a una figura humana, salvo por tener
las orejas puntiagudas y los labios verdes. Parecía que era ella la que dirigía
a los obreritos aunque no se pronunciara ni una sola palabra. Seguía sonando la
música que había escuchado al producirse el hechizo como si saliese de unos bafles
instalados en todas partes del bosque. Esa princesa del tamaño de una niña de
siete años, vestida con hojas rojas de parra se acercó solemnemente al cazador
tumbado. Le besó en los labios y le hizo un gesto de imposición de silencio,
mientras le guiñaba un ojo y el dedo lo llevaba a sus labios. Con un chasquido
de dedos apareció en su mano el cilindro con un agujerito en la parte de arriba
y se lo metió al hombre en uno de los bolsillos del pantalón de cazador que
llevaba. Por último, realizó otro chasquido y en su mano apareció una especie
de cristal verde en forma de lágrima y se lo puso en el corazón, diciéndole con
esa voz que se le quedaría en la memoria durante toda su vida:
─Las lágrimas son la
sangre del alma. Si son de dolor o angustia utiliza el pocito y si son de
alegría haz lo mismo con la lágrima verde. Unas a otras se llenan y recuerda
que si tienes lágrimas no dejes de verterlas. ─diciendo esto sonrió y se
evaporó.
En ese momento, el
señor Fernández-Villa recobró el conocimiento. Permaneció unos minutos
recuperándose y pensando. En toda su vida nunca había llorado por nada ni por
nadie y ahora había llorado de dolor, miedo y angustia en el sótano y de
alegría y paz en este momento. Se encontraba más completo, más fuerte, no sabía
describirlo bien pero la sensación era muy gratificante. Y comprendió.
FIN
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Cada mes propondremos una frase, bien de un libro, bien original. Todos aquellos que quieran participar pueden hacerlo, la única regla es que la frase tiene que estar incluida en el texto. La longitud y la temática serán libres.
Los textos los publicaremos todos el mismo día, el tecer lunes de cada mes. Es mismo día se propondrá la frase para el siguiente texto.
Sed libres de proponer frases en los comentarios de Jukeblog, añadiendo si la frase es original o si es robada. De ser así, por favor, incluid el autor y la obra de la que se ha sacado.
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